Trabajando con el Agua
Un manual de campo para restaurar el ciclo del agua en tu tierra
Casi toda la tierra pierde su lluvia. Las gotas pegan en el suelo desnudo, escurren como lámina por la superficie, abren un canal y se van a una zanja o a un arroyo, y de ahí lejos. En muchos terrenos el agua que cayó en la mañana ya se fue para la tarde. Lo construimos así a propósito. Tuberías, drenes, arroyos enderezados, caminos nivelados. Toda una época dedicada a sacar el agua de la tierra lo más rápido posible.
Brock Dolman, del Occidental Arts and Ecology Center en California, le llama a eso el paradigma del drenaje. La Era del Drenaje. Y nos dio la frase que le da la vuelta: slow it, sink it, spread it. Frénala, húndela, espárcela.
Esa frase es el punto de partida de este manual. Con los años, platicando con Brock y con Nik Bertulis, la he alargado hasta convertirla en algo que sigue al agua más lejos:
Frénala, húndela, espárcela, hazla brotar, súbela en savia, súdala, llévala al cielo, succiónala.
(En inglés: slow it, sink it, spread it, sprout it, sap it, sweat it, sky it, suction it.)
Dilo en voz alta. Son acciones, y cada una le pasa el agua a una parte distinta de un sistema mucho más grande. Este manual recorre ese sistema desde el suelo hacia arriba, un nivel a la vez. En cada nivel te voy a mostrar qué está haciendo el agua y qué estructuras y técnicas le ayudan a hacer más.
El agua no se mueve en un solo circuito. Se mueve en cuatro, uno dentro de otro:
- El circuito de superficie, donde la lluvia escurre a los ríos y sale al mar.
- El circuito del agua subterránea, donde el agua se infiltra en el suelo y recarga el acuífero.
- El ciclo pequeño del agua, donde las plantas exhalan agua hacia el cielo y esta vuelve a caer cerca.
- El ciclo grande del agua, donde la humedad viaja tierra adentro desde el océano, de bosque en bosque, a lo ancho de un continente.
Si sanas un pedazo de tierra, lo vuelves a conectar con los cuatro. El propósito del trabajo es mantener el agua más tiempo dentro de los sistemas vivos y darle más caminos, para que la tierra pueda pasar por sí misma de la temporada de lluvias a la de secas y aguantar sequías, inundaciones e incendios.
Hay una regla que corre por debajo de todo esto, y voy a volver a ella: húndela antes de subirla. Construye la capacidad del suelo para retener agua antes de plantar mil árboles sedientos. Un paisaje que sube agua por la vegetación sin una esponja llena debajo se va a secar solo. Lo que subes tiene que ser menos que lo que hundes. Guárdate eso en el bolsillo.
Empecemos donde cae la lluvia.
Nivel 1: La superficie. Frénala, espárcela.
Antes de que el agua pueda hacer algo útil en tu tierra, tiene que dejar de irse tan rápido.
Camina tu terreno durante un aguacero fuerte. Hazlo de verdad, con botas e impermeable, en plena tormenta. Vas a aprender más en veinte minutos que en una temporada de lecturas. Fíjate dónde escurre el agua en lámina, dónde se encharca, dónde abre un canalito, dónde ya cavó una cárcava. Ese es tu mapa. El agua te dice lo que quiere hacer. Todo el trabajo en este nivel consiste en atraparla arriba, en lo alto del paisaje, y frenarla antes de que agarre velocidad.
El agua rápida es la enemiga. El agua lenta se infiltra y alimenta la tierra. La misma lluvia que erosiona una ladera cuando va corriendo se infiltra y hace crecer un bosque cuando se detiene. Así que la frenas, y la esparces hacia los lados para que no baje toda por un mismo camino.
Estas son las estructuras que lo logran, más o menos de la más sencilla a la más elaborada.
Cobertura del suelo y mantillo
La primera estructura para el agua es una simple cubierta sobre el suelo. El suelo desnudo suelta el agua y se endurece al sol. Una capa de mantillo, hojarasca o plantas vivas amortigua el golpe de la gota, mantiene abierta la superficie y hace que el escurrimiento avance casi a paso de tortuga.
Empieza aquí en cualquier sitio. Corta las hierbas y déjalas en el suelo (lo que en inglés llaman chop-and-drop), esparce astilla de madera, deja la hojarasca donde cae. Cubre el suelo y ya frenaste el agua antes de cavar nada.
Zanjas a nivel (swales)
Una zanja a nivel, o swale, es una zanja poco profunda que se cava perfectamente a nivel siguiendo la curva de nivel de una pendiente, con la tierra amontonada del lado de abajo formando un bordo bajo. Como está a nivel, el agua no puede correr a lo largo de ella. Se queda quieta, se reparte por toda la zanja y se infiltra directo hacia abajo.
Las zanjas a nivel son las mulas de carga de frenar y esparcir. En una pendiente suave a moderada, convierten una ladera que suelta el agua en una ladera que se la bebe. Se cavan en curva de nivel, así que necesitas encontrar la línea de nivel real de tu pendiente. Un nivel en A hecho con tres palos y un hilo te sirve, la misma herramienta que los campesinos usan desde hace siglos.
Planta el bordo de abajo con árboles y cobertura de raíz profunda. La zanja los riega, y sus raíces sostienen el bordo y mantienen viva la zanja.
Una advertencia. Las zanjas a nivel son para tierra estable y no demasiado empinada. En una pendiente fuerte, o en arcilla pesada que se queda empapada, una zanja llena de agua puede saturar el suelo y provocar un deslave. Si tienes dudas, hazla más pequeña, obsérvala durante una temporada de lluvias y luego decide.
Bordos y medias lunas
A veces en lugar de cavar hacia abajo, construyes hacia arriba. Un bordo es un terraplén bajo que atrapa el agua y la retiene en su lugar.
La media luna (en francés, demi-lune) es un bordo en forma de creciente con la parte abierta viendo hacia arriba de la pendiente. La lluvia entra, choca con la pared curva y se encharca donde plantaste. Vienen de las tierras secas del Sahel, en Níger y Burkina Faso, donde los campesinos las usan para devolver a la producción tierra muerta y encostrada. En pequeño, puedes cavar una media luna a mano en una tarde. Funcionan de maravilla en terreno plano o de poca pendiente que está demasiado seco y duro para que crezca algo.
Hoyos zaï
Un hoyo zaï es un hoyo de plantación, más o menos de la profundidad y el ancho de una mano, cavado en suelo duro y relleno de composta o estiércol. El hoyo atrapa y retiene la lluvia. La composta alimenta a la planta y atrae termitas, cuyos túneles abren grietas en el suelo para que el agua se infiltre más hondo.
Los zaï vienen de Burkina Faso, rescatados y difundidos por un campesino llamado Yacouba Sawadogo, que los usó para reverdecer tierra que todos daban por perdida. Le pusieron "el hombre que detuvo el desierto". Menciono su nombre porque la técnica es de su pueblo y merece ese crédito. Funciona porque hace tres cosas en un solo hoyo pequeño: atrapa agua, alimenta el suelo e invita a la vida que mantiene el suelo abierto.
Presas filtrantes, represas permeables y gaviones
Cuando el agua ya se juntó en un canal o una cárcava, vas atrasado, pero todavía puedes frenarla. Lo haces con barreras pequeñas atravesadas en el cauce.
Una represa permeable es una presa baja que deja pasar agua, muchas veces hecha de piedra, ramas o troncos, puesta de lado a lado en una línea de escurrimiento. Está hecha para gotear. El agua se acumula detrás, suelta el sedimento que traía, se extiende y se infiltra, mientras el exceso pasa a través en lugar de reventar por encima. Un gavión es la misma idea hecha con piedra metida en jaulas de alambre, lo bastante fuerte para aguantar en un cauce que corre con fuerza.
El principio siempre es el mismo. Olvídate de detener el agua con un solo muro grande. Frénala con una serie de escalones pequeños y permeables a lo largo del cauce, para que cada uno atrape un poco, suelte su sedimento y le pase el resto con suavidad al siguiente.
Análogos de presas de castor
El mejor ingeniero hidráulico del norte del mundo tiene cuatro patas y trabaja gratis. Una presa de castor embalsa el agua en un humedal ancho y lento, sube el nivel freático un buen tramo río arriba y guarda la temporada de lluvias hasta muy entrado el verano. Donde ya no hay castores, ahora se construyen análogos de presas de castor: hileras de postes de madera entretejidos con ramas, atravesados en un arroyo, que imitan ese trabajo y, muchas veces, invitan a los castores a regresar y encargarse.
Si tienes un arroyo degradado que va cortando hacia abajo en tu terreno, una serie de estas estructuras puede subir el nivel freático, repartir el flujo por la antigua llanura de inundación y hacer que el humedal empiece a reconstruirse solo. En zonas sin castores, como casi toda América Latina, la misma lógica aplica con represas permeables de ramas y piedra. Revisa primero las reglas locales. Trabajar en un cauce vivo está regulado en casi todas partes, y con razón.
Leerlo como sistema
Fíjate en lo que tienen en común. Ninguna es un tapón. Cada una es una forma de frenar el agua y esparcirla a lo ancho para que tenga tiempo y espacio de infiltrarse. Una sola estructura casi nunca alcanza. Lo que buscas son muchas pequeñas, en lo alto del paisaje y escalonadas hacia abajo, cada una haciendo un poco. Un terreno lleno de pequeñas estructuras que frenan el agua se comporta como esponja, y deja de comportarse como resbaladilla.
Frenar y esparcir es todo el trabajo en la superficie. Pero frenar solo prepara el terreno. Frenas el agua para que pueda hacer lo siguiente, que es hundirse.
Nivel 2: El ciclo del agua subterránea. Húndela.
El agua que se infiltra en la tierra desaparece de la vista y se vuelve lo más valioso de tu terreno.
Debajo de tus botas, el suelo guarda agua en cada poro y cada grieta, y más abajo esa agua llena los espacios en la roca y la grava: el acuífero, el depósito subterráneo que alimenta manantiales, pozos y el caudal base de los arroyos durante los meses secos. Cuando la gente dice que un paisaje "se está secando", casi siempre quiere decir que ese depósito se vació y no se está rellenando. La lluvia sigue cayendo. Solo que escurre antes de poder infiltrarse.
Hundir el agua es la forma de moverla en el tiempo. El agua de superficie está hoy y mañana se fue. El agua en el subsuelo puede quedarse semanas, meses, a veces años, y salir despacio cuando la tierra más la necesita. Estás pasando el agua del circuito rápido al lento, ahorrando la temporada de lluvias para gastarla en la sequía.
Vivo y trabajo sobre roca caliza kárstica en Yucatán, 39 hectáreas de ella. El karst es una roca tan porosa que aquí casi no existen ríos en la superficie. La lluvia que cae baja casi en línea recta a través de la piedra hasta el acuífero y los cenotes. Es un caso extremo de un paisaje hecho para hundir el agua. Casi ninguna tierra es kárstica, pero la lección aplica en todas partes: entre más se comporte tu suelo como esponja, más de tu lluvia se queda.
Dos cosas hacen que un suelo hunda el agua: estructuras que la retengan en la superficie el tiempo suficiente, y un suelo lo bastante vivo para bebérsela.
La esponja del suelo
El depósito más grande que puedes construir es el propio suelo, más grande que cualquier estanque.
Un suelo sano es sobre todo espacio, y ese espacio se llena de agua. Lo que lo mantiene abierto es la materia orgánica y la vida entretejida en ella: raíces, hilos de hongos, galerías de lombrices, toda la red subterránea. Un suelo rico en materia orgánica puede retener varias veces su peso en agua y soltarla despacio. Una tierra pobre, compactada y sin vida suelta la lluvia como un estacionamiento.
Así que la "estructura para el agua" más honda que vas a construir es el suelo vivo. Se construye manteniendo el suelo cubierto, alimentándolo con materia orgánica y moviéndolo lo menos posible:
- Deja de arar donde puedas. La labranza quema la materia orgánica y colapsa los poros que retienen el agua.
- Mantén siempre algo creciendo sobre el suelo, o por lo menos mantillo. El suelo desnudo pierde agua y estructura rápido.
- Agrega composta y, donde convenga, biocarbón. El carbón hecho para el suelo está lleno de poros diminutos que retienen agua y alojan microbios, y dura muchísimo tiempo en la tierra.
- Alimenta a los hongos. Los hilos de los hongos micorrízicos unen el suelo en grumos y abren los canales por donde el agua baja hondo.
Construye primero la esponja. Todo lo demás en este nivel funciona mejor cuando el suelo ya puede beber.
Cuencas de infiltración y estanques de recarga
Una cuenca de infiltración es una depresión poco profunda con el fondo plano y a nivel, hecha para atrapar el escurrimiento y dejar que se infiltre, a diferencia de un estanque que guarda el agua. La lluvia y los desbordes se juntan ahí, se quedan quietos y se hunden. Ponla donde el agua ya tiende a juntarse, al final de una serie de zanjas a nivel o donde una pendiente se aplana.
Un estanque de recarga hace lo mismo en mayor escala: retiene un cuerpo de agua que se filtra hacia abajo y rellena el acuífero debajo y alrededor. En tierras secas muchas veces se cavan donde se puede desviar un escurrimiento de temporada, para que la creciente que se habría ido se quede y se infiltre.
Jardines de lluvia
Un jardín de lluvia es una pequeña cuenca de infiltración con plantas, normalmente cerca de una casa, un techo o una entrada de coches, cavada para atrapar el agua que escurre de esas superficies duras. Diriges la bajada del techo o el escurrimiento de la entrada hacia una hondonada poco profunda con plantas, y el agua se infiltra en un día o dos en lugar de irse al drenaje pluvial. Es el lugar más fácil para que la mayoría empiece, y convierte el techo de un edificio en un punto de recarga en lugar de una manguera de bomberos.
Johads y tanques tradicionales de recarga
En las zonas áridas de la India, las comunidades llevan siglos atrapando y hundiendo el agua del monzón con los johads, presas sencillas de tierra construidas a lo ancho de una pendiente que retienen la lluvia en una media luna de agua que se infiltra y rellena los pozos de abajo. En el distrito de Alwar, en Rajastán, el trabajo encabezado por Rajendra Singh junto con las aldeas locales reconstruyó miles de ellos, y ríos que llevaban años secos volvieron a correr. Sistemas parecidos de tanques y bordos, con muchos nombres distintos, aparecen en regiones secas de todo el mundo.
Nombro el johad y a la gente que lo rescató porque es suyo, y porque deja una lección que vale la pena guardar. Las herramientas para hundir el agua son viejas. Casi todas las culturas que vivieron en lugares secos las resolvieron hace mucho. Buena parte de la restauración consiste en recordar.
Otra vez la regla del orden
Aquí es donde "húndela antes de subirla" se gana el sueldo.
Tienta plantar mucho desde el principio, reverdecer rápido el lugar. Pero el bosque joven y la vegetación densa suben mucha agua y la exhalan al aire. Si haces eso antes de reconstruir la esponja del suelo y el agua subterránea, las plantas se beben un depósito que nadie está rellenando. La tierra se seca en vez de humedecerse, y en un año seco toda la plantación puede fracasar.
Así que el orden importa. Frena el agua, húndela, construye el suelo, rellena el subsuelo. Luego, conforme se llena la esponja, trae la vegetación que devuelve el agua al ciclo vivo. Hundir va primero. Subir va después. Cuando están en equilibrio, se abre el siguiente nivel.
Nivel 3: El ciclo pequeño del agua. Hazla brotar, súbela en savia, súdala, llévala al cielo.
Ahora el agua sube.
Todo lo anterior movió el agua hacia abajo y hacia los lados: frenarla, hundirla, guardarla en el subsuelo. Este nivel la manda de regreso al cielo, a través de las plantas vivas, de una forma que la hace volver a caer cerca. Este es el ciclo pequeño del agua: el circuito local del agua que se levanta de la tierra como vapor y vuelve a caer como lluvia, rocío y neblina, una y otra vez, sin regresar nunca al mar.
Una hoja es una estructura para el agua. Un bosque es una estructura para el agua. Cuando entiendes eso, plantar se vuelve parte de la hidrología. Deja de ser un adorno puesto encima.
Este es el circuito, en el orden en que viaja el agua.
Hazla brotar
El agua del subsuelo hace crecer plantas, y las plantas mueven el resto de este ciclo. Así que el primer paso en este nivel es que las cosas crezcan: abonos verdes, pioneras, las especies rápidas y desgreñadas que colonizan el suelo desnudo y empiezan a formar sombra, raíz y hojarasca.
Casi nunca tienes que plantar mucho. En la mayoría de los terrenos, una vez que el agua se frena y se hunde y el suelo empieza a despertar, las semillas que ya están en la tierra y las que el viento trae desde los bordes hacen el trabajo de brotar por ti. La tierra quiere crecer. Tu trabajo es sobre todo quitarle la presión y dejar que corra la sucesión: primero las pioneras, luego los arbustos y árboles que las siguen, cada etapa preparando el suelo y la sombra para la siguiente.
Súbela en savia
Una planta que crece jala agua del suelo por sus raíces y la sube por el tallo hasta las hojas. Esa es la bomba que levanta el agua subterránea de regreso hacia el cielo.
Los árboles hacen algo todavía mejor bajo tierra. Sus raíces mueven agua entre capas húmedas y secas del suelo, un proceso que se llama redistribución hidráulica. En tiempos húmedos, un árbol puede llevar agua por sus raíces hacia suelo más profundo y guardarla ahí. En tiempos secos, sube agua desde muy abajo y, a través de sus raíces, comparte humedad con el suelo de arriba, donde la alcanzan las plantas de raíz corta y la vida del suelo. Un árbol grande es una bomba viva que trabaja la columna de suelo en las dos direcciones. Es una razón más por la que los árboles viejos valen mucho más que su madera. Están manejando el agua de todo lo que tienen alrededor.
Súdala
El agua llega a las hojas y se evapora por poros diminutos hacia el aire. Eso es la transpiración. La planta suda, igual que tú, y por la misma razón: para refrescarse.
El enfriamiento es grande. El agua al evaporarse se lleva mucho calor, así que un paisaje verde que transpira está más fresco que el suelo pelón de al lado, a veces por mucho en una tarde caliente. Me ha tocado salir de un monte bajo, seco y caliente, y entrar a un bosque viejo, y sentir cómo el aire se vuelve fresco y húmedo a mi alrededor, como entrar a otro clima, porque eso es. El bosque tiene su propio aire acondicionado, movido por agua y sol. Aire más fresco, más humedad, condiciones más amables para todo lo que vive ahí. Las plantas construyen el clima que les conviene.
Llévala al cielo
El vapor sube desde toda la superficie viva, desde las hojas y desde el suelo húmedo y la hojarasca de abajo, y entra al cielo. Todo junto se llama evapotranspiración.
Y esta parte cambia la forma en que ves un paisaje. Ese vapor se queda cerca. Sobre tierra con mucha vegetación, buena parte del agua que sube vuelve a caer no muy lejos, como la siguiente lluvia, o como rocío y neblina que se asientan durante la noche. La tierra recicla su propia lluvia. Una región con buena cubierta vegetal puede llover, evaporar y volver a llover muchas veces mientras la humedad avanza tierra adentro, cada parche de bosque pasándole el agua al siguiente.
Eso significa que la tierra desnuda y la tierra verde se diferencian también en cuánto llueve, además de en lo que crece. Quita la vegetación y rompes el circuito local; el agua que sí cae escurre y se va, y regresa menos. Reconstruye la vegetación y el circuito vuelve a girar. Por eso el desmonte a gran escala puede secar una región entera, y por eso la restauración, hecha en suficiente extensión, puede ayudar a rehidratarla.
El ciclo del rocío
Hay un circuito más callado que corre junto a la lluvia: el rocío y la neblina. En una noche despejada, una superficie con vegetación se enfría y jala la humedad del aire sobre cada hoja y cada brizna. En algunos lugares secos y costeros, esta agua escondida llega a sumar tanto como la lluvia, y ciertas plantas y bosques enteros toman una parte real de su agua directamente de la neblina y el rocío. Un paisaje vivo, en capas y húmedo atrapa mucho más de esto que el suelo desnudo. Es un sistema de humedad que la tierra construye para sí misma una vez que tiene la vegetación para echarlo a andar.
Las estructuras vivas de este nivel
Aquí todas las técnicas son formas de establecer cobertura viva y en capas, para que la tierra pueda subir, sudar y llevar al cielo toda el agua posible:
- Deja correr la sucesión. La jugada más barata y muchas veces la mejor. Quita la presión, mantén el agua en la tierra y deja que las pioneras y las plantas espontáneas hagan la plantación. Ayuda donde ya no hay fuente de semilla o donde el sitio está demasiado degradado para arrancar solo.
- Planta en capas. Una plantación de varios estratos, con cobertura baja bajo arbustos y arbustos bajo un dosel, mueve mucha más agua y retiene mucha más humedad que un solo estrato. Un bosque comestible joven o una plantación nativa mixta es una estructura para el agua con raíces.
- Cortinas rompevientos. Hileras de árboles atravesadas al viento lo frenan, y un viento más lento seca menos. Una cortina rompevientos mantiene la humedad en la parcela que protege y reduce la humedad que el viento le arrancaría.
- Restaura humedales y orillas de ríos. La franja verde y húmeda a lo largo de un cauce es donde el ciclo pequeño del agua trabaja con más fuerza. Los árboles de ribera y las plantas de pantano transpiran mucho, sostienen las orillas y mantienen fresco y húmedo todo el corredor.
- Incluye agua abierta. Los estanques y los humedales lentos alimentan el ciclo del rocío y la humedad, y les dan a la fauna, los insectos y los anfibios el agua que mantiene funcionando al resto del sistema.
Haz esto en una parte suficiente de un paisaje y la tierra empieza a fabricar una porción importante de su propio clima. Lo cual apunta al circuito más grande de todos.
Nivel 4: El ciclo grande del agua. Succiónala.
Párate en la costa, camina tierra adentro y hazte una pregunta sencilla: ¿de dónde viene la lluvia que cae a mil kilómetros del mar?
Si el océano fuera la única fuente, la lluvia bajaría rápido conforme avanzas tierra adentro. El aire soltaría toda su agua en los primeros cientos de kilómetros y el interior profundo de cada continente sería desierto. Algunos interiores lo son. Pero los grandes bosques no. La Amazonía es húmeda de lado a lado. El Congo también. Algo lleva la humedad del océano muy adentro y mantiene la lluvia, bosque tras bosque.
Parte de la respuesta es el ciclo pequeño del agua del Nivel 3, en grande: cada parche de bosque llueve, exhala el agua de vuelta y se la pasa al siguiente parche tierra adentro, una carrera de relevos que corre por miles de kilómetros. El bosque recibe la lluvia y también la mueve.
Puede que haya algo más. Dos científicos rusos, Víctor Gorshkov y Anastasia Makarieva, propusieron lo que llaman la bomba biótica. Su idea: cuando el enorme volumen de vapor de agua sobre un bosque se condensa en nubes y lluvia, ocupa menos espacio, y esa reducción de volumen baja la presión del aire. La baja presión jala aire desde donde la presión es más alta, desde el océano. Así, un bosque grande, al llover, succionaría hacia sí mismo el aire húmedo del océano, alimentando su propio suministro. La meteoróloga Rong Fu, de UCLA, ha descrito un mecanismo relacionado, donde el calor que se libera cuando el vapor se condensa impulsa esa entrada de aire oceánico. La bomba biótica todavía se discute en la ciencia. La presento porque es una idea seria sobre cómo los bosques vivos podrían jalar su propia lluvia a través de un continente, y porque de cualquier forma el punto central se sostiene: el bosque intacto está haciendo algo grande con el movimiento del agua a la escala de una región entera.
"Succiónala", en el mantra, apunta a esto. Lo más grande que hace la tierra viva con el agua es ayudar a jalar el océano tierra adentro.
Lo que hace un solo terreno a esta escala
No puedes construir el ciclo grande del agua en tu propia tierra. Pero eres un eslabón de él.
Cada terreno restaurado es una estación de relevo en esa cadena: atrapa humedad, la pasa, mantiene el corredor un poco más húmedo para el siguiente terreno tierra adentro. Solo, es poca cosa. Conectado, cuenca por cuenca, vecino por vecino, es como una región se rehidrata. Así que el trabajo a gran escala es en realidad el trabajo a pequeña escala hecho en muchos lugares y cosido entre sí:
- Piensa en cuencas, más allá de los linderos. El agua no se detiene en tu cerca. Entre más parte de una cuenca esté frenando, hundiendo y reverdeciendo el agua, mejor le va a cada pedazo dentro de ella. Habla con tus vecinos. La restauración se contagia mejor de lado.
- Protege lo que sigue intacto. Un parche de bosque viejo o un humedal sano ya está moviendo los cuatro ciclos a toda su fuerza. Conservarlo vale más que reemplazarlo, y siembra la recuperación de todo lo que tiene alrededor.
- Conecta los fragmentos. Los corredores de vegetación entre parches permiten que el ciclo vivo del agua corra sin cortes por todo un paisaje, en lugar de quedarse en islas aisladas.
Lo cual cierra el círculo y explica por qué funciona.
Todo junto: la tierra que maneja su propia agua
Mira lo que hiciste al subir estos cuatro niveles. Frenaste el agua y la esparciste. La hundiste y construiste el suelo para retenerla. Hiciste crecer la vegetación que la devuelve al cielo como lluvia y rocío locales. Y conectaste tu terreno al flujo más grande de humedad que cruza la región.
Le diste al agua más caminos a través de la tierra. Ese es el trabajo de fondo. Muchos canales. Varios depósitos: el suelo, el acuífero, la vegetación viva, el aire mismo. Y un paisaje con muchos caminos para el agua es un paisaje que puede recibir un golpe y seguir adelante.
Piensa en los dos problemas que rompen a casi cualquier tierra: demasiada agua en lluvias, muy poca en secas. Inundación, y luego sequía. Un paisaje drenado y pelón sufre las dos cosas con fuerza, porque el agua de lluvias se va antes de que lleguen las secas. Un paisaje que frena, hunde y hace crecer mueve esa agua en el tiempo. La creciente se infiltra en lugar de arrasar. El agua guardada sale despacio y sostiene a la tierra en los meses secos. El sistema pasa el agua de la temporada en que sobra a la temporada en que falta, por sí solo.
Un suelo más hidratado también se quema con menos facilidad. El agua en el suelo y en las plantas vivas es un amortiguador contra el fuego, una cosa más que te dan los circuitos adicionales.
Y esta es la parte que más esperanza me da. Una vez que lo echas a andar, la tierra toma el control de la construcción.
El agua hace crecer vegetación. La vegetación da sombra, enfría el suelo y tira hojarasca. La hojarasca y las raíces alimentan la vida del suelo. Un suelo más rico retiene más agua. Más agua hace crecer más vegetación. Y vuelta, y vuelta, cada giro haciendo más fuerte al siguiente. El biólogo Stuart Kauffman tiene un nombre para un sistema que se construye así, un conjunto autocatalítico: los productos del proceso se vuelven los ingredientes que lo mantienen andando y lo hacen crecer. Plantas, suelo, hongos y agua juntos son exactamente ese tipo de conjunto. Con un empujón inicial y sin estorbarles, se catalizan a sí mismos hasta volverse algo más rico y más vivo que lo que tenías al principio.
Esa es toda la apuesta de este trabajo. El ecosistema lo construye la tierra. Tu parte es volver a poner a circular el agua y quitar la presión, y la tierra lo levanta más rápido de lo que crees y mejor de lo que tú lo habrías diseñado. He visto 39 hectáreas de caliza sobrepastoreada pasar de roca pelada y monte espinoso a un bosque de dosel cerrado con más de 500 especies documentadas. Eso lo hizo la tierra. Nosotros frenamos el agua, la hundimos, mantuvimos el suelo cubierto y nos quitamos del camino.
Por dónde empezar en tu propia tierra
No intentes hacer los cuatro niveles a la vez. Empieza arriba y deja que el trabajo baje.
- Camina tu tierra bajo la lluvia. Averigua a dónde se va el agua hoy. Ese es tu plan, dibujado por la misma agua.
- Cubre el suelo. Mantillo, corte y acolchado, que el suelo desnudo deje de soltar la lluvia. La jugada más sencilla, funciona en cualquier lugar, empieza hoy.
- Frena el agua arriba. Una zanja a nivel en curva de nivel, unas cuantas represas permeables en la cárcava, un jardín de lluvia bajo el techo. Pequeño y arriba le gana a grande y abajo.
- Construye la esponja del suelo. Composta, cero labranza, suelo siempre cubierto, alimenta a los hongos. Ese es el depósito que hace funcionar todo lo demás.
- Deja que reverdezca, al paso del agua. Quita la presión y deja correr la sucesión. Planta en capas donde haga falta ayudar. Húndela antes de subirla.
- Aléjate para ver el conjunto. Piensa en cuencas. Habla con tus vecinos. Protege lo que sigue completo.
Empieza en pequeño. Observa lo que hace el agua durante una temporada de lluvias completa y una de secas completa antes de crecer. La tierra te va a mostrar lo que necesita, y te va a salir al encuentro más rápido de lo que esperas.
Frénala, húndela, espárcela, hazla brotar, súbela en savia, súdala, llévala al cielo, succiónala. Ocho acciones para una sola cosa: devolverle al agua su casa viva, y dejar que la tierra haga el resto.